Qué bonitos son los cachorritos, tan blanditos y suaves, ¡y tan simpáticos! Pero crecen…, como nosotros. Nosotros también eramos blanditos y graciosos hasta que llegó la adolescencia y dejamos de serlo, comenzando nuestra etapa de adultos (unos más simpáticos que otros). Eso mismo pasa con nuestros animales.
También recibimos durante ese periodo unas normas de conducta básicas de convivencia: da las gracias, pide las cosas por favor, di hola y adiós, se come con la boca cerrada, no se pegan empujones, cuando los mayores hablan no se interrumpe…Todas estas normas nos las enseñan nuestros padres o tutores. Si no nos las enseñaran tendríamos problemas de convivencia en el futuro. Por este motivo, es muy necesario que a nuestros pequeños amigos les enseñemos como relacionarse con nosotros, qué esta bien y qué no, cuáles son los juguetes…Ellos no tienen a su mamá que lo haga, o si la tienen no les va a enseñar lo que queremos que aprenda. Nosotros somos ahora sus tutores.

No hay que ser brusco, ni hay que gritarles, ni pegarles, ni asustarlos. Hay que ponerles límites, pero primero hay que captar su atención para que reciba el mensaje. Siguiendo el ejemplo de los niños: unos niños están corriendo y gritando y queremos que se callen porque no se puede gritar en ese sitio, tenemos varias opciones: una es subir la voz más que ellos y gritar nosotros, cosa que no recomiendo, primero porque vamos a hacer lo mismo que no queremos que hagan con lo que no es un ejemplo, y segundo porque vamos a enfadarnos porque no nos van a oír; otra opción es acercarse y parar el juego, conseguir que se relajen y decirles que no se puede gritar en ese sitio.Con esta segunda opción el mensaje llega a los niños.
Hay que ser consistente y firmes. Si no queremos que hagan una cosa, no vale que unas veces se las permitamos y otras no. Eso da mucha incertidumbre y va a hacer que prueben para ver si hoy se puede o no, con lo que esa conducta la harán más
frecuentemente. Un ejemplo con niños sería que no queremos que salten en el sofá. Pensarán varias cosas: no entiendo por qué me riñe ahora cuando ayer hice lo mismo y no me riñó, voy a saltar en el sofá hoy a ver si hoy no me riñe y cuando me riñe no es para tanto, mañana no me va a reñir.

Cada animal tiene una personalidad distinta. Pueden ser miedosos, rápidos en aprender conceptos nuevos, distraidos, tímidos, sensibles al reproche, contestatarios….y por ello no podemos actuar de la misma manera con cada uno de ellos. Todo dependerá de su personalidad y de la manera en que se relacionan con el mundo que les rodea.
Y por supuesto hay que premiar las conductas deseadas, bien con un “muy bien”, bien con una golosina, bien con juego. Esto último no hay que olvidarlo. Tiene más poder un premio que un castigo.

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